Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Convocatoria de la Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria,
Jueves, 24 de enero a las 18:00 en primera convocatoria y 18:30 en segunda, en la Fundación Caja Rural del Sur, Avenida Ronda de los Tejares, nº 36.

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

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Sobre el Campos de guitarra

De Ateneo de Córdoba
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Acto flamenco del Ateneo de Córdoba en Bodegas Campos
¿Por qué será que estando, históricamente, tan relacionados los cantos y -el cante- la guitarra, ésta no goce de la misma consideración que le depara la afición al cante?

Según Emilio García Gómez, la música oriental de origen grecopersa que llegó a al-Ándalus en el siglo IX, ha sido la matriz de la música que actualmente existe en España. Y todo, gracias a Ziryab, El Pájaro Negro que, con su presencia y potencia artística por estas latitudes después de abandonar la corte de los abasíes de Bagdad, haría escuela e infinidad de seguidores, el primero el emir Omeya de la época, que obligaría al bagdadí, afirma Évariste Lévi-Provençal, a proponer a la autoridad competente del momento el proyecto y ejecución del primer Conservatorio de Música de Córdoba, y de todo el Mediterráneo, donde enseñar la música que él conocía, propiciando que más adelante se desarrollase la originalidad que distinguiría a la andaluza, acompañada con el instrumento de cuerda más popular que, a la sazón, sería el precedente de la actual guitarra flamenca después de ser innovada por aquel prematuro artista renacentista, con una cuerda más -la sexta y forma actual del instrumento se añadiría seis siglos después-, el material y división del Traste en el diapasón.

Luego vendría aquello, que Andrés Segovia sostuvo y otros dudan, de que la guitarra flamenca es una desviación de la clásica, empero, como se sabe que con la llegada de los gitanos, en su trashumancia, se difundirían las formas de tocarla en Castilla y a su vez como lo hacían los moriscos; es decir los arpegios que aplicaban los norteños y el punteo que acostumbraban los meridionales -los trémolos y golpes en la caja, y con el tiempo la cejilla para darle a cada cantaor su tono, serían unas características distintivas ya a partir de mediado el XIX-, se unirían y así irían perfeccionándose para, cuando definitivamente se incorporara al acompañamiento del cante flamenco primitivo, expresarse enriquecida por unos y otros modos pretéritos de tocarla adaptándose a la necesidad que la demandaba, siendo siempre el mismo instrumento aunque quien la tocase le extrajera otra música. Es entonces el momento en el que ya sería reconocida como, afirma García Matos, guitarra flamenca o mora, o árabe, aunque esto último para él no respondiese a de la realidad.

A partir de entonces, empezarían a sobresalir aquellos míticos nombres que con la guitarra flamenca aportarían su arte para coadyuvar a engrandecer el cante: Patiño, Paco el Barbero, Javier Molina, Paco de Lucena, Rafael Marín, Ramón Montoya, Perico el del Lunar, Paco Aguilera, Niño Ricardo, Manolo de Huelva, Melchor de Marchena, Juan Serrano, y muchos más que harían interminable la lista de quienes con la sonanta señalarían el modo de iniciar una carrera artística en solitario, cada vez más exigente y rutilante, para que unos elegidos como Paco de Lucía, Manolo Sanlúcar, Serranito, y una pléyade de virtuosos seguidores en la actualidad la hayan situado definitivamente en todo el cénit de este noble arte musical.

Por el trienal Concurso Nacional de Arte Flamenco de Córdoba, desde 1965, desfilarían muchos de ellos, como por otros certámenes después, contribuyendo a acercar a la masa el instrumento de las seis cuerdas para que en su versión flamenca se convirtiese en una disciplina a la que accederían, no tanto los caprichosos con ganas de tañerla, como los más dispuestos a sacrificar su tiempo, esfuerzo e inteligencia, en aras de hacerse un lugar entre los privilegiados que en la actualidad gozan del reconocimientos de todos los públicos, más allá de los cabales resaltados por Anselmo González Climent, de todo el orbe. Para ello, serán muchos los maestros que, tanto en sus academias particulares como en los conservatorios que han incorporado su enseñanza, iniciarán a tantos tiernos infantes que de forma natural se seleccionarán en una criba que está dando a conocer auténticas figuras jóvenes que, ya en el acompañamiento al cante y/o al baile, ya para el concierto, o en ambas expresiones en un mismo acto, suponen una esperanzadora cantera que contribuirá a que de cara al futuro podamos seguir siendo optimistas porque la belleza que se crea con el toque de este singular instrumento, perviva para bien de unos seguidores que confiamos sean más, incorporando a su vez a todos los que tan vivamente se interesan por el cante, conociendo que con el baile pasa lo mismo, entre los muchos aficionados de toda la vida, que no muestran el mismo interés por esta cara del arte flamenco en su versión de concierto, prestando el mismo apoyo y foros –léase peñas y salas de conciertos- de acogida que se le brindan al cante; ¡y concursos!, sabiendo que cuando éstos se ofrecen, sus organizadores se ven desbordados. Porque es una verdadera lástima que luego, aquellos que destacan, no sean acogidos en recitales que contribuyan a resaltar lo que el concurso ha premiado, y ¡cuánto nos perdemos! con este déficit, los que nos sentimos atraídos por su reclamo. Por esta y otras razones, siempre será un gesto de bien nacidos agradecer iniciativas como la de la vocalía de flamenco del Ateneo de Córdoba, proyectando y proponiendo un acontecimiento como es un concurso de guitarra flamenca de concierto que, para nuestro deleite, se sumara a los seis u ocho certámenes que a nivel nacional se convocan, y que tanto fruto aportan al tesoro que nuestros ancestros nos legaron.

Han transcurrido ocho años y el Campos de guitarra ha venido siendo la feliz consecuencia de esa iniciativa que, durante este tiempo, se ha convertido en una realidad asentada para su desarrollo en el bello foro que tan generosamente ha proporcionado Bodegas Campos, -firma cuyo centenario de existencia, por cierto, se ha celebrado durante el 2008 - en su Sala Flamenca, por donde han pasado tantos ilusionados aspirantes que en leal competencia dejaron su impronta y, ganando o no, ser más reconocidos por sus méritos propios juntos a los que se alzaron con los premios en las sucesivas ediciones. Entre éstos, los nombres de Francisco Prieto "El Currito", Javier Conde, Isaac Muñoz, Juan Marín "El Juani", Severiano Jiménez "Niño Seve", José Antonio Díaz, Antonio Cáceres, Jesús Majuelos, … Ninguno con mucho más de veinte años, entre las varias decenas que compitieron para exhibir su virtuosismo ante los asistentes, en los que me plugo, y los excelentes aficionados que conformaron los distintos jurados de las cinco convocatorias, compuestos por PacoDios, Francisco del Cid, Francisco Jiménez, José Carmona, Manuel Baena, Manuel Ruiz, Jaime Luque, Francisco Ojeda y Antonio Perea presidiendo. Con un broche final después de la entrega de premios en el Gran Teatro de Córdoba, donde participarían figuras del toque, el cante, y el baile de la talla de El Pele, Luis de Córdoba, Mariví Palacios y Antonio Alcázar, Fosforito, Rafael Ordóñez, El Califa, El Séneca, Manuel Silveria, Rafael Trenas, Patrocinio hijo, y Antonio Migueles. Seis acontecimientos a cuenta de cinco grandes finales y un homenaje a la Cátedra de Flamencología de la UCO que, gracias a la buena organización del Ateneo cordobés, los patrocinadores y la brillante participación de los protagonistas, se harían buenas las declaraciones, en su día en un programa flamenco de televisión, del desaparecido profesor de maestros de la bajañí Rafael del Águila, diciendo: …hoy se toca más difícil, más flamenco y más bien que nunca.
Baldomero Pardo Torres
Ateneísta

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