Ateneo de Córdoba. Calle Rodríguez Sánchez, número 7 (Hermandades del Trabajo).

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Fallo del VII Premio de Relato Rafael Mir.

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Cantes, coplas y estilos flamencos

De Ateneo de Córdoba
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Los cantes en general

Todas las formas actuales del flamenco, y otras que se han perdido, fueron creadas a partir del folclore andaluz y de otros folclores. También del romancero, el nuevo, y, por tanto, igualmente folclórico. Así es que no hay cantes más antiguos ni más modernos; sino más o menos evolucionados, más o menos enriquecidos por las aportaciones de los cantaores profesionales.

La antigüedad de los cantes es a veces sólo aparente, ya que ello depende en gran parte de la asiduidad con que un determinado estilo haya sido practicado por los cantaores, pudiendo en este caso parecer, de entre dos estilos dados, más primario el más moderno. Ya hemos visto que los gitanos primitivizan el cante. Este podría ser el caso de la soleá con respecto a la caña. La primera expresa actitudes humanas y sentimientos mucho más primarios que la segunda. Y sin embargo, si hemos de dar crédito a Estébanez Calderón (y en ciertos aspectos hay que dárselo), en sus tiempos ya se consideraba a la caña el más antiguo de todos los cantes, mientras que la soleá ni siquiera de nombre aparece en sus escritos.

Si relativamente, y sólo relativamente, algunos cantes flamencos se pueden considerar más modernos que otros, éstos serán los procedentes del folclore extraandaluz, farrucas, garrotines...; y los derivados del folclore hispanoamericano, o canciones folclóricas hispanoamericanas aflamencadas: guajiras, rumbas, colombianas, vidalitas, etcétera. Estos cantes, modernos o no, constituyen un inagotable manantial hacia el que deberían volverse los buenos cantaores si es que quieren seguir enriqueciendo el acervo flamenco, y no empeñarse en querer crear nuevos estilos a partir de la nada.

Hay cantes que suelen hacerse a base de tres partes o tiempos (salía, cante propiamente dicho y remate, o macho) partiendo de tres estilos diferentes: toná-debla-martinete, liviana-serrana-siguiriya de cambio, caña-polo-soleá, etcétera. En ocasiones se da el cante compuesto a base de sólo dos: salía y cante, o cante y remate. El nombre de salía se aplica también a un largo jipío con el que el cantaor se arranca para aclarar su voz y buscar el compás de la música y el tono. El cante por toda una serie de siguiriyas rematadas por la de cambio, o cabales, es también muy frecuente.

Andalucía Baja

Andalucía entera se divide en Alta y Baja, lo que comporta sus gitanerías y voces correspondientes. La raza aporta sus características al aparato humano de fonación, pero su ubicación geográfica añade una variante fundamental en las calidades del mismo. En consecuencia con lo ya señalado del paisaje andaluz, las causas pueden ser más culturales que naturales. Los gitanos de la Andalucía Baja son los más asentados del mundo, se han identificado plenamente con la población campesina autóctona, con los trabajos del cortijo, de la viña. Son gitanos que aran, cavan, cosechan, vendimian o pasan a los sectores productivos de la industria y servicios, como el resto de campesinos, cuando la evolución socioeconómica lo permite. De estos gitanos asentados, hay dos tipos: los que no han superado el hábitat y el hábito social del proletariado, y los que se sienten ciudadanos de pleno derecho.

Por citar ejemplos concretos, Cádiz, ciudad tres veces milenaria, no distingue entre gitanos y payos. En su nómina artística es indiferente la raza: Hay en Cádiz voces achicharradas por el levante; a las que con humor llaman de "vaca pisá"; ejemplos: Aurelio de Cádiz, el maestro payo; Rancapino, el discípulo gitano: Voces perfectamente timbradas, luminosas; de cuerpos sonoros hermosos, brillantes, de textura y temple flamenquísimos: Beni de Cádiz, payo; Perla de Cádiz, gitana. Voces de pecho y bronquio: Chano Lobato, payo; Ramón Medrano, ¿gitano? Voces membranosas, de pito de caña: Pericón de Cádiz, payo; Flecha de Cádiz, gitano. La lista equilibrada entre payos y gitanos puede hacerse interminable, definiendo sus voces en mayor o menor proporción aleatoria de las características ya anotadas.

Jerez en cambio, de ascendencia muy clasista, asignó el flamenco a los gitanos, como Norteamérica el atletismo a los negros. En Jerez canta y baila cualquiera, pero ha de ser gitano para levantar devoción, salvo casos muy excepcionales que son primero reconocidos por la nación entera, como fue el caso de Don Antonio Chacón y, más reciente, Lola Flores en su parcela. En Jerez hay dos barrios gitanos, Santiago y San Miguel. Su antagonismo centenario dificulta casamientos cruzados, y en arte flamenco encuentran reticencias para aceptarse. Los jerezanos que se precian de cantaores tienen voces gitanas campesinas, cuyo rajo no ha superado su estadía decimonónica de proletariado. Muchos de ellos se instalan cómodamente en Madrid desde la adolescencia, como los Sorderas, Mercé..., pero los genes proletarios siguen inmutables en sus voces, de ahí su predicamento de pureza. No obstante, contrastados entre sí, los de Santiago han conseguido un ligero pulimento en sus voces, los de San Miguel radicalizan su rudeza instrumental.

Son voces naturales como la de Manuel Torre, mojada en el fino de la tierra para engordar ligeramente; naturales pigmentadas de canela, como la de El Chocolate, descarada y abierta; voces cavernosas como la de Pepe Torres, voces laínas como la del Niño Gloria, que no debe confundirse con la pitifina del sevillano Manuel Vallejo, y es precisamente en su paño agresivo de proletario jerezano, caso del Gloria, en donde radica la diferencia con el divo sevillano cuyo urbanismo ha pulimentado su voz y su técnica ágil y fresca de resultado brillantemente preciosista. Hay payos que cantan en Jerez; pero se identifican en rajo agreste con sus paisanos gitanos: Tía Anica la Piriñaca, de voz viriloide, José Cepero, de voz entera, sobria; de redondo modelado Salmonete, la voz común del tabanco jerezano; Elu de Jerez tan brava y bravía como La Paquera.

El híbrido de negro y gitano se da con bastante predicamento en el cante de Jerez: El Borrido, Ángel Vargas, La Macanita... Coinciden con el temple y el cuerpo poderoso de estos mestizos El Moro, gitano o indio de Cáceres, ésta, voz “negra ya como una piconá”. No pasamos de los híbridos sin anotar el cuarterón de india americana que tiene el payo Lucas de Écija, voz acerada, de agilidad laína que corta el aire como filo de navaja, rotunda y certera en sus arcos melodiales; de gran energía. Dos voces pintorescas del Campo de Gibraltar hay que anotar como sea en este recorrido a vuela pluma: la de El Chaqueta, del color del chocolate, entre gitana y negroide, precursor de la nota sincopada en sus juguetillos de trabalenguas, y la de El Rubio, en cuya quejumbre se inicia el feísmo de filigrana. Todos los gaditanos y jerezanos se ilusionan con el cante caracolero, aunque estén agradecidos a las facilidades que les da el cante mairenista. Caracol y Mairena, dos gitanos antagónicos. Caracol, el genio; Mairena, el maestro. Caracol, voz afillá de cuarto; Mairena, voz natural de eco campesino. Caracol, histriónico urbanita, se desarrolló en el teatro con leyenda de macho enamorado; Mairena, tímido alcoreño, se desarrolló en los festivales con el sobaco ilustrado.

En el eje económico de Sevilla a Cádiz, quedan todavía los más campesinos por su estructura de voz: los de Alcalá, Utrera, Morón, Lebrija... Todos ellos se han revitalizado, reivindicado e identificado con el mairenismo, porque éste les da los tonos naturales y medios cómodos que ellos necesitan. No obstante, cabe hacer distinciones en voces capaces de quejarse por todas las angustias del mundo como son de Manolito María, de Alcalá; de Fernanda y los Perrates de Utrera, de Fernandillo de Morón; la voz de campana gorda de Dos Hermanas, Juan Talega; voces de terciopelo flamenco con distintas valoraciones de color y poderío de Pepa de Utrera, Curro de Utrera, Gaspar de Utrera, Joselero de Morón; las voces abierta y engolada del Lebrijano, recia y agreste de Curro Malena. García Lorca llamó de “estaño fundido”. a la de Niña de los Peines. Luis Rosales aseguraba que la voz ha de mojarse en llanto para consumarse en flamenco. Muchas voces de las mencionadas se mojan en llanto, pero si son tan enteras, macizas y hermosas como la de Tomás Pavón, el llanto puede ser un río de emoción serena.

Y llegamos al medio Guadalquivir por el Genil con la voz terrible nazarena, filo como espinazo de cantera, de Fosforito; poliédrica y de campanario, desde la gorda a la trina, de José Bedmar el Seco; de tenor templado de Juan Hierro; de lira, dúctil y maleable de Luis de Córdoba; de filigrana lírica, dejada caer por vaguadas desde Villaviciosa hasta Algeciras, de Juanito Maravillas; voz de plata del Niño del Museo que deja un yacimiento puesto en valor de juventud en Adamuz. Un soplo desde la Sierra de Aras levanta la voz pastosa y viril de Antonio Ranchal en Lucena; la voz de metal dulce de Cayetano el "Niño de Cabra"; abrasada y morena de Julián Córdoba; voz grande y apasionada, vehemente, del Lucero de Montilla. El Chaparro es "la voz" del Campo de la Verdad, y la voz de animal flamenco de El Pele.

Andalucía Alta

La gitanería de Andalucía Alta es tan distinta a la de la Baja que casi no se reconocen entre sí. Esta gitanería ha hecho sus cuarteles de invierno en el Sacromonte granadino, en el Perchel malagueño, en la Chanca almeriense, en Linares, Andujar, Mérida, Badajoz y hasta Cáceres. Itinerantes durante siglos por caminos de carne, (veredas y riberas) que les llevaban de feria en feria –por lo que se les llama nómadas y “andarríos”-, acabaron por asentarse en sus lugares más acostumbrados. Últimamente son tribus urbanas en Madrid o Barcelona, incluso en Sevilla, primero en “El Tardón” y hoy “Las Tres mil viviendas”. Por sus aires flamencos se aprecian todavía intercomunicadas entre sí. Estos gitanos suelen tener voces laínas tocadas de cierta rudeza, el paño que deja en la garganta las noches pasadas bajo las estrellas.

No se descarta en el grupo la veta negroide, como es el caso de La Negra, precisamente así llamada, la madre de la Lole que formó pareja célebre con Manuel. Los antiguos “andarríos” tienen más energía en la voz, más velocidad de ejecución y unas vibraciones especiales que penetran en el sentido de quienes escuchan; transmiten un vitalismo especial de fiesta por tangos y bulerías. Gitanos de esta naturaleza son la Piruja, la Carlotica, la Repompa y la Cañeta de Málaga, la madre Juana de Camarón, Juana la del Revuelo, asociada a la Sevilla de “El Tardón” o de “Las tres mil”, y así, los extremeños Juan Cantero, El Camborio, Ramón el Portugués, la Kaíta. Algo pantagruélica y de rotunda cabriola, la voz excepcional de Porrinas de Badajoz, el maestro de todos ellos. De Granada, Tía Marina la de los Habichuela, Carmelilla del Monte, Niño de Osuna, Pepe Albaicín, Luis el Polaco, por citar algunos. Y allá en Andujar, gitana y romántica, abierta como una granada en sazón, la voz de Rafael Romero; en Linares, las voces quemada y crujiente de Carmen, bronceada de Joselete, y cantarina y filigranera de Gabriel Moreno.

Cantes y estilos del flamenco

Alboreá | Alegrías | Bambera | Bandolá | Bulería | Bulería por soleá | Cabales | Campanilleros | Canastera | Cantes camperos | Cantes de Málaga | Cantes minero-levantinos | Cantiña | Caña | Caracoles | Carcelera | Cartagenera | Chufla | Chuflilla | Colombiana | Copla | Corrío | Debla | Fandango | Fandango de Cabra | Fandango de Frasquito Yerbabuena | Fandango de Huelva | Fandango de Lucena | Fandango malagueño | Fandango personal | Fandanguillo | Farruca | Galeras | Garrotín | Giliana | Granaína | Guajira | Jabegote | Jabera | Jaleo | Levantica | Liviana | Lorqueña | Malagueña | Mariana | Martinete | Media | Media Granaína | Milonga | Minera | Mirabrás | Murciana | Nana | Petenera | Polo | Pregón | Romance | Romera | Rondeña | Rosas | Rumba | Saeta | Seguiriya o Siguiriya | Serrana | Sevillana | Siega | Soleá | Soleá por bulerías | Tango | Tanguillo | Taranta | Taranto | Temporera | Tientos | Toná | Toná-Liviana | Trilla | Trillera | Verdiales | Vidalita | Zambra | Zángano de Puente Genil | Zapateado | Zarabanda | Zorongo

Bibliografía

Enlaces externos