Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Convocatoria de la Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria,
Jueves, 24 de enero a las 18:00 en primera convocatoria y 18:30 en segunda, en la Fundación Caja Rural del Sur, Avenida Ronda de los Tejares, nº 36.

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

¡Ayúdanos! Inserta tus fotos

Desencanto

De Ateneo de Córdoba
Saltar a: navegación, buscar

La poesía de Serrano posee tintes cordobeses

Posee un sello la poesía cordobesa que la distingue de la de cualquier otra. Hace tiempo, tras leer las obras de Lucano, Mena, Luis Carrillo de Sotomayor, Góngora, Rivas o los de Cántico, creí que esa característica fundamental era la tendencia al barroquismo; pero hoy, leyendo Crónica del desencanto, el último poemario de Fernando Serrano, pienso que me equivoqué. La poesía de Fernando Serrano, con ser de una meridiana sencillez, resulta cordobesísima de principio a fin. Ahora sé que lo peculiar de la poesía cordobesa consiste en otra cosa: es la más culta, aquélla que con más naturalidad ha asumido el glorioso pasado romano y árabe, la más telúrica.

Antes he mencionado la sencillez de la obra, una difícil sencillez a la que se suma una gran intensidad. Hablo de una poesía depurada y profunda al margen de movimientos y que sólo presenta algunos ecos de la poesía popular y cancioneril, del primer Juan Ramón y de Antonio Machado. Algunos poemas del libro como los titulados Venus de mármol, Vivo solo o Vida inútil no debieran faltar en ninguna antología de la poesía española contemporánea. La brevedad de este último poema dice así:

”En los amplios salones/ de mármoles y cal,/ leías recostado/ en un diván de mimbre./ Pobre vida la tuya,/ condenada a extinguirse/ entre viejos cuadernos de poemas,/ ignorando que abajo,/ entre rocas oscuras,/ la vida de otros/ seguía verdeciendo”.

El tema central del libro es la soledad, el desengaño, la nostalgia, sin que falten en algunas ocasiones cierta indolencia a la manera de Manuel Machado y en otras, un halo de ternura y cordialidad.

Fernando Serrano conoce bien la tradición y en el poema Esperando la aurora nos ofrece un bello ejemplo de lo que los griegos llamaron “Paraclausithyron” (canción ante una puerta cerrada). Modelos de ellos no le habrán faltado a nuestro autor, desde alguna oda horaciana hasta numerosas composiciones de los cancioneros medievales, pero Fernando Serrano ha sabido darle novedad y frescura al topoi.

Su visión del paisaje es también original y llena de color. Telón de fondo de tantos desengaños y evocaciones en ese mar de espigas esmaltado de amapolas que tan bien conocemos quienes visitamos alguna vez los campos de Fernán Núñez. Al final de la obra, si embargo, aparece el verdadero mar y en el mismo recibe el poeta un baño lustral y sagrado que lo aleja de sus muchos fantasmas.

Fernando Serrano es conocido por esa magna empresa que supuso la publicación de los Cuadernos de Ulía, la más completa y exquisita colección de poesía que una provincia puede permitirse soñar, pero además de ello y sobre todo Fernando Serrano es un magnífico poeta.