Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Convocatoria de la Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria,
Jueves, 24 de enero a las 18:00 en primera convocatoria y 18:30 en segunda, en la Fundación Caja Rural del Sur, Avenida Ronda de los Tejares, nº 36.

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

¡Ayúdanos! Redacta un buen artículo

Un toque de gracia

De Ateneo de Córdoba
Saltar a: navegación, buscar
No le gusta demasiado la palabra “entrañable”, pero no la descarta. Es lógico. La razón y la justicia casi nunca son entrañables y menos aún la redacción esquelética e imperativa de los fríos papeles de la burocracia. Uno lo imagina, sin embargo, tocado de una gran humanidad, que pugna por salirse de su molde, entre los resquicios de los errores administrativos, contenida entre líneas, animadora de esperanzas, con los rigores de la seriedad que el cargo le impone. Álvaro Gil Robles, el Defensor del Pueblo, vendría, como quienes le sucedan o le hayan precedido, a ser un poco así o al menos, para algunos de nosotros, así nos pareció en su visita a Córdoba el miércoles pasado. Pero abundando más en el asunto, es que debe asumir esas características. Nunca se dio un título más romántico en cargo público alguno: el defensor del pueblo. Suena a novela revolucionaria, a grandes causas por intemperados fines, a lucha constante para no avillanarse. De hecho, Gil Robles, en su conferencia en la Facultad de Derecho con motivo de la celebración del patrón, aseguraba la dificultad de mantener a capa y espada la credibilidad en medio de un fuego cruzado entre quienes solicitan los favores de la ley, igual para todos, y quienes llegan a la institución con membrete oficial, padrino de duelos y susurran al oído la clave del compadreo. Al término de su conferencia, sin querer aparentarlo, vivió unos momentos especialmente emotivos cuando la Tuna de la Facultad de Derecho comenzó a sonar. Le entraban, en vivo y en directo, los recuerdos de estudiante, de la Universidad “…a la que volveré pronto para reencontrarme con ella, de la que partí hace algún tiempo… “, porque, entre otras cosas, no se puede ser Defensor del Pueblo para toda la vida. Es una dedicación que encuentra no demasiado tarde su punto y final. Acabaría desvirtuada en un cargo vitalicio. Pringada, antes o después de egoísmos.

El altruismo, sin embargo, no es patrimonio de mucha gente en los últimos tiempos. Bien al contrario, perdidos los primeros entusiasmos por devorar informaciones internacionales, entramos ya en la fase aséptica de la guerra por ordenador. Pero todo ello en un torbellino al que no se le ve fin, devorado en sí mismo en una autofagia sin frontera. Este fue acaso uno de los miedos de Antonio Perea, presidente del Ateneo de Córdoba cuando, tiempo atrás, debatía con sus colegas ateneístas el agradecimiento a los países hispanoamericanos de los que partieron numerosas colaboraciones en el Premio de Poesía Juan Bernier. Sin embargo, los embajadores de estos estados en España respondieron a su petición. En Córdoba, precisamente, eterno ejemplo en tolerancia de las repetidas tres culturas que hoy andan en litigio.

Por eso -pudiera ser- se vino a convocar aquí la concordia de los pueblos, en el reconocimiento de que al menos, bajo el signo de una lengua y de un pasado largamente compartidos, un grupo de hombres portavoces de otros tantos millones de seres humanos aceptan jugar en favor de la coincidencia, antes que de la diferencia o de los rencores. Recibieron su Fiambrera de Plata y vieron bailar a Inmaculada Aguilar. Recorrieron después Montilla y Cabra, visitaron la casa del Inca Garcilaso, inauguraron una plaza, y fueron despedidos por el Centro Filarmónico Egabrense. De vuelta a Madrid este fin de semana, los imagino en el autocar -el mismo que los trajo- echando mano de la botellita de fino y echándose a la boca después un rosco de vino para no perder el regusto.

Pocos días antes, sin movernos de Montilla, el delegado de Cultura, Diego Ruiz, compartía con las franciscanas del convento de Santa Clara, una de las mejores fotos para su recuerdo. El convento quedaba en parte cedido al Ayuntamiento para convertirlo en Museo Histórico-artístico Local. Rodeado de clarisas tan sonrientes como él, posó sin los atributos de la política, feliz entre las cosas sencillas de la vida, agradecido por las atenciones de la madre abadesa, sor Matilde García Ramírez. Y es que a veces, el gesto más sencillo, puede desarmar los más férreos argumentos o los más graves rigores del protocolo. Con un simple toque de gracia.
Rafael Cremades
Diario Córdoba, 26 de enero de 1991