Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Convocatoria de la Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria,
Jueves, 24 de enero a las 18:00 en primera convocatoria y 18:30 en segunda, en la Fundación Caja Rural del Sur, Avenida Ronda de los Tejares, nº 36.

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

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Traficantes de sueños: el Ateneo

De Ateneo de Córdoba
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Cahue, Papi y Alfonso Nieto (1977)
En el alma de acracia cristalina de mi amigo Antonio Perea, presidente del Ateneo de Córdoba, no hay lugar para la disgregación. Antonio ha hecho por la cultura de Córdoba lo que todas las instituciones de la ciudad juntas no lograrán jamás hacer: reunir en una casa de aire sin techo y sin paredes a toda una congregación de traficantes de sueños, gente de poco fiar, ya lo sabéis.

Ellos son los translúcidos que solían llorar en la niñez por un pájaro muerto. Los “ocupas” de neuronas descreídas que habitaron con sus poemas de perdedores jardines y palacios de espuma. Los pensadores de utopías irredentas que inmovilizaron el azul entre el negro y el rojo como en una fábula cromática de Miró. Entes ilusos de sílabas fantasmas que dibujaban mapas de poemas en las cuevas del cráneo. Hijos de las tabernas sacrosantas y de los arrabales de la luna. Descendientes de los arcoiris y de la flor extrema que cada día se incendia de belleza al contacto de los ojos.

El más peligroso de todos ellos, Antonio Perea, apodado el “Cahue” en los tiempos clandestinos (¿cuándo no lo fueron?) se sacó de la chistera un día una estrella fugaz, una paloma desorientada y una ilusión de diez escuetas líneas como los cristos de Antoni Tapies. Y de aquella advenediza mezcla, en la pobreza de un arrabal de Córdoba, el Polígono Guadalquivir, surgió el Ateneo. Dentro de un sueño estaba emparedado y Antonio Perea Torres, ”El Cahue”, lo hizo teatro para los niños que lloraban ante un pájaro muerto para evitar que a ellos, algún día, los encontraran muertos como pájaros. Luego miró a los traficantes de sueños que andaban erráticos por la ciudad y clandestinamente, como tenía que ser, se procedió a colocar en el solar desolado de la cultura de Córdoba la primera piedra de espuma de la casa de aire sin techo y sin paredes, sede siempre provisional del Ateneo.

¿Qué año fue, Antonio, cuando nos fuimos a los jardines prestados de Viana a entregar las primeras fiambreras? Sólo recuerdo que fue una hermosa tarde y que mi hijo que tenía doce años celebró, como si me hubieran dado el Nobel, la placa de fundador que me entregaste. Desde entonces te comenzaste a parecer al santo anónimo, el desaparecido Hermano Bonifacio, cuando en plan limosnero llamabas a las estrechas puertas de las instituciones políticas y económicas de la ciudad sin que nadie te diera un puto duro por aquel desatinado proyecto. ¿Quién iba a apostar por aquella quimera? Budas e insectos de la ciudad de los poetas sin lectores ponían cara de nube para que no se cumpliera el pecado de la imaginación. Era una lucha perdida: los traficantes de sueños contra el poder que sólo cree en lo que toca. Pediste asilo a la luz de Plotino y vino en tu ayuda, en nuestra ayuda. De repente los traficantes de sueños comenzaron a brotar como por generación espontánea. En diferentes barrios de la ciudad se desató un gran tráfico de sueños, se desencadenó una lluvia de arcoiris. Acababa de nacer el Arca del Ateneo, la partitura de la música esperada. Todos los traficantes y portadores de sueños de la ciudad de Córdoba se conjuraron en un proyecto imaginativo. Brotaban libros en cada primavera. Nacía el premio de poesía Juan Bernier. Y en los santuarios de las sombrías bodegas cordobesas los traficantes de sueños paladeaban el vino y la poesía de las mejores cavas.

Sólo que tú, Antonio Perea Torres, ”Cahue” para los amigos, oficiabas de incógnito. En tu humilde grandeza nunca te quieres dar por aludido. Aunque sé que en tu alma de ácrata te sientes perfumado como Dionisos y como el rey Menandro. Y como ellos te sigues maravillando al ver la diferencia entre el Uno y la Vacuidad. Los traficantes de sueños celebran sus poemas ante la zarza ardiente del catavinos en lugares propicios para la inteligencia, la amistad, la conversación y el paladeo.

Los de la Vacuidad se van a los salones de palacio donde algún pijo laureado confiesa sus poemas académicos a los señores del poder. Cada uno trafica con lo que puede, querido amigo, compañero del alma.
Carlos Rivera
Diario Córdoba, 25 de abril de 2001

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