Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Convocatoria de la Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria,
Jueves, 24 de enero a las 18:00 en primera convocatoria y 18:30 en segunda, en la Fundación Caja Rural del Sur, Avenida Ronda de los Tejares, nº 36.

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

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Sala Flamenca de Bodegas Campos

De Ateneo de Córdoba
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El cantaor Antonio Muñoz El Toto con Ángel Mata a la guitarra

No puede faltar en Bodegas Campos una sala dedicada al flamenco, pues fue casa muy frecuentada por el vecino Ricardo Molina, inspirador del Concurso Nacional de Cante Jondo creado por el alcalde Antonio Cruz Conde en 1956, e incluso acogió en algunas ediciones sus fases de selección. Los encalados muros han sido mudos testigos de memorables noches flamencas prolongadas hasta la madrugada, en las que el cante, el baile y el toque encendieron la llama de la pasión flamenca estimulada por el duende latente en las viejas estancias.

Y es que como escribió Agustín Gómez a propósito de una velada, Bodegas Campos es “el lugar que uno sueña como escenario natural del flamenco y, gracias a su gerencia, conserva y abrillanta el señorío, la elegancia y el tirón artístico que siempre tuvo, como sello de la familia”. Por la casa han pasado Antonio, Mario Maya, Pepe Pinto, Niña de los Peines, Antonio Mairena, Lola Flores, Cristina Hoyos, Blanca del Rey o Paco de Lucía, sin olvidar a Rafael Merengue, El Niño de la Corredera, El Pele, La Tomata o Vicente Amigo, tan cercanos.

Aspecto parcial de la Sala

Si se accede a la sala por la calle Badanas –como es habitual en las veladas flamencas- y se sube por la escalera popular que arranca del patio del Santo Dios, la Sala Flamenca tiene su entrada por la primera puerta que se abre a la derecha de la galería, como indica un azulejo. Es una sala rectangular con cubierta a dos aguas sustentada por vigas reforzadas por otras transversales de nudillo; son vigas antiguas de rústicos troncos que recuerdan el aspecto de aquellos desvanes de las viejas casas donde se iban almacenando el grano para las bestias y los enseres en desuso. Tres faroles antiguos cuelgan de las vigas, que también sustentan lámparas halógenas que proyectan su luz sobre las paredes, pintadas de blanco hasta la altura de las puertas y de almagra hasta el techo. La sala se asoma a la calle Badanas a través de dos ventanas enrejadas, una mediana y otra más pequeña.

La Sala Flamenca se inauguró el día 15 de enero de 1999, como refleja la crónica firmada por Leonardo Rodríguez en el Diario Córdoba que figura enmarcada en una de sus paredes. El cantaor Antonio Muñoz El Toto y el guitarrista Ángel Mata protagonizaron el acto inaugural, que contó también con intervenciones habladas de Antonio Perea, Agustín Gómez, Manuel Gahete, Francisco Martínez y el anfitrión Javier Campos, quien consideró la sala una aportación más de Bodegas Campos a la cultura flamenca. A su creación contribuyó con ilusión y desprendimiento Rafael Reina, platero y aficionado cabal que “un día venía cargado de libros y discos inencontrables para la vitrina, y otro con el retrato en sepia del cantaor más antiguo de la provincia”, como dijo José Campos González en el homenaje póstumo que le dedicó la casa en diciembre de 2004.

Numerosas fotografías añejas o recientes de cantaores y, en menor proporción, guitarristas y bailaores, tapizan las paredes de la sala, en alternancia con programas, diplomas, instrumentos y otros recuerdos evocadores, sin olvidar la alacena que concentra libros, discos y reliquias varias. En el testero frontal un tapiz de fieltro confeccionado por Marina González repite la bonachona imagen del Gordito, junto a la marca Campos, mientras que en el testero opuesto Ricardo Molina vigila la reunión desde el retrato fotográfico que le hiciera en 1960 Pepe Jiménez, flanqueado por Fosforito y El Pele, amigos indelebles, vaya trío de ases.

Entre los objetos y enseres antiguos que decoran la sala figuran cántaras de hojalata utilizadas para el transporte de leche y aceite, un mediano perol de latón y una medida para el grano, así como el mecanismo de una báscula de pesar botas. No podían faltar en esta sala los instrumentos musicales, cuatro guitarras y una bandurria que permanecen mudas en la parte superior de un testero, algunos de ellos olvidados en noches de vino y cante. Un diploma otorgado por el Ayuntamiento en 2006, año del flamenco, rinde homenaje a esta casa, “vieja reliquia donde se ha cultivado con pasión la vieja solera del cante y por su vinculación histórica con el flamenco”.

Fuente

Francisco Solano Márquez Bodegas Campos, solera de Córdoba 1908-2008. (Editorial Almuzara)

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