Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Convocatoria de la Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria,
Jueves, 24 de enero a las 18:00 en primera convocatoria y 18:30 en segunda, en la Fundación Caja Rural del Sur, Avenida Ronda de los Tejares, nº 36.

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

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Fiambreras

De Ateneo de Córdoba
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De aluminio, era indispensable en las romerías, para los días de campos y las comidas en el tajo. Con la llegada del plástico americano se cambiaron por las tuperware. Después idearon las termostáticas, les cambiaron el material, el cierre y el diseño, les añadieron platos interiores, y casi desaparecieron con los bares portátiles y las neveras.

Pero la fiambrera, que en Argentina llaman fresquera, estuvo en nuestra infancia y era una caja de sorpresas en su hermetismo de broches cada vez que nuestra madre extendía en el suelo el mantel a cuadros y esperábamos alrededor, sentados en piedras o en la yerba, a que fueran saliendo de su vientre redondo las viandas del banquete: la inevitable tortilla, el lomo conservado en aceite, el pollo frío.

Cuando aún no se había dado con la fórmula de reducir a láminas el aluminio hasta convertirlo en papel albal, había en cada casa una o varias fiambreras. Era un elemento popular, necesario y efectivo, que también usaban los señores, aunque sus fiambreras fueran más grandes, más brillantes y sobre todo más llenas y mejor condimentadas en su interior por el mimo de las cocineras.

Ahora, sacar una fiambrera parece cutre. Si no se guisa el perol, la juventud prefiere los bocadillos o los sanwichs, y los mayores acercarse al restaurante más cercano de la Sierra.

Por eso, cuando las fiambreras duermen en la memoria el sueño de los justos, resucitarlas como símbolo parece un gesto entre divertido, tradicional y simpático. Una pequeña fiambrera de plata que parece diseñada por un niño: con ojos y pestañas, asas, boca, pies, dientes y dos manos. Para que no olvidemos tan entrañable utensilio de cocina y de ocio, el Ateneo Casablanca ha repartido generosamente pequeñas fiambreras de plata en cuatro entregas desde 1987 hasta ahora. Media Córdoba tiene ya su fiambrera, y de ahora en adelante será cuestión de ir proponiendo a la otra media. ¿Quién puede escaparse del Club de la Fiambrera? Políticos, sindicalistas, periodistas, escritores, poetas, profesores, autoridades locales, provinciales y autonómicas, críticos, fotógrafos, pintores, hosteleros... No hay profesión indigna, y todo el mundo cabe en la Fiambrera. Córdoba se ha desbordado tanto que hasta en Perú, Ecuador, Cuba, Túnez, Argentina, Uruguay, Italia, Guatemala, Bolivia, Washington y Miami van a llover fiambreras. No sería tan popular ni tan entrañable, quizás, si no se hubiera prodigado con la generosidad sencilla de las hierbas.

Córdoba, la Córdoba cerrada en su ombliguismo antiguo, produce de vez en cuando uno de esos seres religiosamente franciscanos que, sin miedos ni modestias, se adaptan a los tiempos, cambian una utopía por otra, y abren despachos, y consumen tiempo y redactan proyectos y promueven actividades y consiguen amigos, voluntades, manos.

No es usual que en una barriada periférica exista un Ateneo, ni que un colectivo de niños, adultos y jóvenes sea constante en sus actividades culturales. Los lobos no atacaron a san Francisco porque él los trataba como a hermanos. Antonio Perea, él sabrá cómo, sin ser san Francisco, es tan popular como la fiambrera, y entre sus hazañas se cuentan el nadar igualmente entre políticos de signo distinto, como entre artistas o entre alcaldes. Milagrosamente al premio Juan Bernier, aún sin dotación económica, acuden cada año poetas de España y de Hispanoamérica.

Nada es, seguramente, gratuito. Deben ser muchos los pasos, los escritos y las peticiones de visita para poder subsistir. Y mucho el coraje y el optimismo para no sucumbir. Y no muchas, pero sí algunas, las personas que, junto a él, han puesto su tiempo y su servicio: María, Antonio, Pedro, Loli...; y los niños del teatro, tal vez lo más hermoso, porque gracias a “la Fiambrera” se han dado de bruces con la palabra, la poesía, la expresión y el arte.

No creo que aún cabalgue por Córdoba ni por ningún otro sitio algún Quijote, hoy que todos queremos las monedas antes que las fiambreras, y que sólo por amor de ellas nos movemos. Servicio a la democracia sí, pero con buen sueldo; servicio al municipio sí, pero con paga; servicio a la cultura por supuesto, pero nada de balde; hoy no existe el servicio, tan sólo la gerencia, el dinero, las dietas, los viajes. Los apóstoles de la marginación y la cultura son una especie en vías de extinción. A la que aún no le ha nacido una madrina como Brigitte Bardot les nació a las ballenas y a las focas. Se me informa que en estos momentos en Córdoba sobreviven cuatro: una monja, un antiguo señor de Cáritas, un lisiado y un loco. Los demás se labran su futuro amasándose el cargo. Un cargo efímero, que esa es sola la única bondad de la democracia: el vaivén, el cambio y la tortilla.

Mientras los Colegios y la Junta Electoral hacen recuento y la noticia de sus votos al Parlamento Europeo, una blanca fiambrerita, como una bandera de la paz, se reparte gozosa entre la gente. ¿Quién quiere una fiambrera? ¿Cuántas fiambreras quedan? ¿Cuántas fiambreras van? Yo quiero una fiambrera. ¿No podría ya con sus socios, el Club de la Fiambrera, haberse presentado también a las elecciones europeas? Tal vez en las próximas. Quién sabe...

Qué berrinche. Vamos a ensayar el pataleo: yo quiero una fiambrera. ¡Yo quiero una fiambrera! ¡¡Yo quiero una fiambrera!!
Juana Castro
Diario Córdoba, 17 de junio de 1989