Ateneo de Córdoba. Calle Ángel Ganivet, número 3 local bajo.

PRÓXIMOS ACTOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA

Convocatoria de la Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria,
Jueves, 24 de enero a las 18:00 en primera convocatoria y 18:30 en segunda, en la Fundación Caja Rural del Sur, Avenida Ronda de los Tejares, nº 36.

Fallado el VI Premio de Relato Rafael Mir, el ganador ha sido el escritor y profesor cordobés Fernando Molero Campos con la obra titulada: RUISEÑORES DE FUEGO.

FALLADOS LOS PREMIOS DEL ATENEO DE CÓRDOBA:

Fallo XXXIV Premio de Poesía Juan Bernier
Fallo VI Premio de Relato Rafael Mir
Fallo VI Premio Agustín Gómez de Flamenco
Entregadas las Fiambreras de Plata Año 2018
en el Real Círculo de la Amistad.

¡Ayúdanos! Redacta un buen artículo

Ateneo de Córdoba (memoria 1984-1989)

De Ateneo de Córdoba
Saltar a: navegación, buscar
Portada del libro Ateneo de Córdoba llamado en su día irónicamente "El libro de los muchos", sobre todo por quienes no aparecieron en él
Este libro, humilde en su formato como en su origen pero pletórico de verdad y sentimiento, es el resultado de cinco años de continua labor combativa y creadora, cuyo germen rayaba, radicaba en los límites de la marginación. Esgrimiendo solamente el arma de la solidaridad y salvaguardando únicamente por el derecho de la necesidad y la justicia, un grupo de personas, en su mayoría jóvenes y niños, se convocan en un designio común y gregario, reivindicando su dignidad ciudadana, protegidos “oficialmente” por un instrumento popular como es la Asociación de Vecinos, al frente de la que, en otro tiempo, el “enfant terrible”, Antonio Perea, se encontraba con más ansias de lucha que nunca.

Pero hay formas y formas; y ellos eligieron la menos proclive a imitaciones, la más admirable, la más humana. Quizá por esto –y por un mecanismo intuitivo, instintivo, inteligente, de infundir en los niños el deseo de la paz activa frente al coraje fiero y ciego- el anhelo de escapar de la indiferencia a través de la cultura olvidándose del pan amargo de su cena y, sin cóleras innecesarias, sin iras resecas, con risas a veces forzadas de niños que no tienen muchas razones para reír, van socavando la costra calcárea y fósil del poder establecido, y permeabilizando lentamente a la sociedad cordobesa. La cuestión es muy clara. En lugar de optar por la violencia, la revolución se plantea, con más seriedad incluso que la de algunos probos ciudadanos, desde la óptica cultural, nunca desde la del desprecio.

Este libro, conjunto de recortes de prensa y biografías innúmeras, de lucha social, ecológica, de representaciones teatrales, de homenajes, de nombres, Juan Bernier, Cántico, de poesía y sus conjuntos, de derechos de toda la sociedad en definitiva, es más, mucho más, que una cronografía sentimentalista de un colectivo marginal que ha cautivado a muchos, asombrado a otros y desconcertado a la mayoría. Estoy convencido de que todos los presentes y muchos ausentes se verán reflejados en esta historia de Córdoba de los últimos años. Porque el Ateneo ha conseguido globalmente su propósito, sin entender muy bien qué significaba la palabra, con más don de voluntad que de conocimiento, de compromiso social que de interés culturalista. Reza en uno de los textos periodísticos que aparecen entre sus páginas: “Hacer cultura por los barrios es la misión del Ateneo”. ¿Cómo? ¿Cuál es el secreto? La razón férrea, un sentido inquebrantable de justicia e igualdad o la imaginación. El poeta crítico y filósofo británico Samuel Taylor Coleridge decía que “la imaginación es el poder viviente y el agente principal de toda percepción humana”.

Muchos han corroborado y plagiado su pensamiento, su sentencia. . ¿Quién sabe? De cualquier manera, no hubiera sido posible la creación de ningún Ateneo si las condiciones sociales y políticas no lo hubieran permitido. El Ateneo surgió y se mantiene por la necesidad, más que de preservar la tradición, de potenciar las nuevas ideas e innovar los impulsos creadores que salvan al hombre. Con cuánta razón pretendemos que el nuestro, el de Córdoba, abarque y refuerce una opción necesaria de la que nuestra juventud adolece.

Hoy sí es posible que surja un Ateneo, del pueblo y para el pueblo. Si alguien duda de la validez y personalidad aglutinadora del actual presidente diré que en él no se acumulan los valores más considerados socialmente –dinero, titulación, vasta cultura, poder- y sí los más sagrados moralmente –honradez, capacidad de trabajo, voluntad de superación, entusiasmo, sinceridad y verdad, respeto a los otros y una voz potente para gritar contra lo injusto-. Los demás, que nos hemos sentido sentimentalmente honrados por esta “distinción de los muchos” y que casi todos o todos quieren poseer, tenemos el compromiso, o mejor el reto, de demostrar que, con más cultura, prestigio y facilidad de palabra, el resultado debe ser más impresionante, más trascendente, más hímnico.

Existe un vocablo que define todo Ateneo sobre las cenizas de las restantes significaciones: Liberalismo. Por este carácter clausuró el gobierno absolutista el primer Ateneo científico, literario y artístico fundado en España en 1820 por Alcalá Galiano, entre otros. A los pocos años (1823-24) dejó de existir físicamente, pero se mantuvo en el ánimo de los hombres, retomando la idea el cordobés Duque de Rivas, amigo personal de Alcalá Galiano, presidente, en 1835, del segundo Ateneo madrileño que refundaron nombres tan relevantes como Bretón de los Herreros, Ventura de la Vega, Espronceda, Martínez de la Rosa, Mesonero Romanos. Muchos otros, tanto en España como en Hispanoamérica surgieron después. Pero el liberalismo no se aprende. Debe estar en el corazón del hombre y ser nutrido por la constancia. Este talante liberal preside hoy también nuestro Ateneo. Este y el de la paciencia. Decía Rilke: “Voy aprendiendo cada día -y lo aprendo a fuerza de dolores que agradezco- esta profunda verdad: la Paciencia y lo es todo”.

Es curioso analizar cómo el hombre es el mismo, sin repetirse o copiarse, a través de la historia. No tenemos prisa. Se consolidará nuestro Ateneo a fuerza de estímulos y de actitudes positivas.

Vayamos más allá de las vanaglorias personales y los juicios trasnochados que empequeñecen nuestras mentes y nos vuelven oscuros. Este libro –que habla por sí solo- no es más que una muestra del pasado y del presente, una sencilla y profunda historia de voluntad y esfuerzo. Sobre él, está el espíritu de los hombres y el compromiso diario y nuevo de construir el futuro. Así sea. Así procuremos entre todos que sea.
Manuel Gahete
Diario Córdoba, 6 de julio de 1990